Aunque comamos el arroz en paella durante todo el año, es en verano cuando más rico nos sabe -por lo menos a mí-.
En lugar de hacer hoy un arroz seco, en la paella, me decidí por un arroz caldoso.
Aunque comamos el arroz en paella durante todo el año, es en verano cuando más rico nos sabe -por lo menos a mí-.
En lugar de hacer hoy un arroz seco, en la paella, me decidí por un arroz caldoso.
Vi esta preparación en las RRSS y no pude resistirme a hacerla. Entiendo (no exenta de preocupación) que los/las adolescentes se encandilen con vídeos impactantes pues ni yo misma pude sustraerme.
Es tan sencilla, que mientras estaba preparando la comida de domingo, me puse a hacerla para un aperitivo.
El verano es el tiempo del tomate. Aunque los consumimos todo el año, es el verano su mejor temporada y hay que aprovechar su sabor óptimo.
Hoy he preparado esta receta para una cena informal y el resultado ha sido refrescante y delicioso.
Una buena pasta es irresistible. Tiene el don de transportarte en un instante a Italia y, si le añades ingredientes marinos, entonces te vas de inmediato al Mediterráneo.
Como estábamos en Barcelona, ciudad con excelente oferta pescadera, decidimos preparar esta pasta exquisita para un día de verano.
Este delicioso plato, que se elabora mucho en Sevilla y te sirven allí en bares y tabernas, es una delicia en sí misma.
Vi como lo preparaba mi cuñada María José, en Barcelona, una espléndida cocinera y madre de otro gran cocinero en potencia. De esta forma, observando y ayudando, aprendí a hacerlo.
Estas deliciosas empanadas o empanadillas criollas proceden de la cocina argentina, donde son un clásico. Eso si, hay tantas empanadillas criollas como lugares en los que se preparan y se disfrutan.
Ahora en Madrid hay muchos locales en los que se despachan pues son una comida rápida y rica. Lo malo es el elevado precio por unidad que te hace quedarte con hambre para una comida normal si compras un par de empanadas.
Esta delicia vegetariana tiene origen andalusí y se preparaba en grandes celebraciones y banquetes.
Segú la leyenda, un cocinero islámico lo preparó en la celebración de la boda de la princesa Al-Buran, hija del rey Almutamid de Sevilla. En aquella época no existía el tomate y el pimiento, así que fue el precursor del pisto.