Siempre que horneo un bizcocho y lo comemos para el desayuno o la merienda pienso ¿por qué no lo hago más a menudo?
Es cierto que encender el horno da mucha pereza a veces, añadido al gasto energético por la factura de la luz, pero el sabor auténtico y el control de los ingredientes sin aditivos compensa con creces.