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domingo, 12 de agosto de 2012

Arroz Con Leche De Cabra Al Aroma De Lima



En muchos países, sobre todo asiáticos, consumen más leche de cabra que de vaca. quizás en España su consumo sea muy pequeño, debido a su fuerte sabor y a su "mala prensa" injustificada por su contenido graso.

Si es cierto que la leche de cabra tiene un sabor más intenso, pero un poco más dulce que la de vaca. Si bien es cierto que su contenido en grasas (4%) es ligeramente superior a la leche de vaca (3,5%), se trata de grasas más fácilmente digeribles.

Los glóbulos o gotitas de grasa de la leche de cabra tienen un tamaño menor y, por ello, son mejor atacadas por los jugos digestivos. Por este pequeño tamaño de su grasa, los glóbulos quedan en suspensión en vez de flotar en la superficie y formar la nata. Por eso, no es necesario someterla a homogeneización.

Como posee niveles muy bajos de lactosa resulta muy útil para personas que presentan intolerancia a este azúcar. Además, es menos alergénica. Hay estudios que demuestran que las personas con afecciones respiratorias mejoran con el consumo de leche de cabra, ya que tienden a fabricar menos mucosidad que con la leche de vaca.

Esta es la tercera receta de arroz con leche que subo a este sitio, pero es que me encanta experimentar con este delicioso postre tradicional...




  • una taza (de las de té) de arroz de grano duro
  • 2 litros de leche de cabra
  • un vaso (de los de agua) de azúcar
  • un taco de mantequilla (como de una cucharada de tamaño)
  • 2 ramas de canela
  • cáscara de lima
  • canela molida

Se pone en una cazuela al arroz cubierto con un poco de agua y un pellizco de sal y se deja que hierva. Se añade la cáscara de lima y el palo de canela y se va añadiendo la leche de cabra, en pequeñas cantidades, sin dejar de mover con una cuchara de palo.

Seguimos añadiendo leche, poco a poco, durante una hora u hora y cuarto. Es la forma artesanal de hacer el arroz con leche: sin prisa, pero sin pausa, dejando que el arroz vaya "soltando" su almidón y que la consistencia sea la de una crema.

Cuando ha pasado una hora, aproximadamente, incorporamos el vaso de azúcar -el arroz con leche debe estar siempre muy dulce, pues al enfriarse la sensación dulce disminuye- y un taco de mantequilla y se deja que de disuelva todo, sin parar de remover.

Se vierte sobre una fuente o en boles individuales, se espolvorea con canela molida y cuando se enfríe se mete en la nevera.



El color de este arroz con leche es más blanco, pues la leche de cabra tiene más blancura que la de vaca.




sábado, 11 de agosto de 2012

Huevos Rotos Con Ibérico



Hablar de huevos rotos es hablar de Casa Lucio. Este emblemático restaurante de la Cava Baja, en Madrid (España), fue creado por Lucio Blázquez en 1974 en el lugar en el que existía un antiguo mesón llamado Mesón del Segoviano.

Inicialmente elaboraba recetas castellanas y posteriormente fue añadiendo platos madrileños. Su especialidad, entre otras, son los Huevos estrellados o rotos. En su casa se elaboran con patatas fritas en bastones, en sartén ancha y profunda para que las patatas gallegas "naden", y con huevos que se fríen en un poco del aceite de las patatas y a los que con pericia les dan hasta la vuelta en la sartén.

Aunque para Lucio es una barbaridad añadirle jamón u otro tipo de chacinas, yo he cometido ese ultraje para poder utilizarlo como plato principal acompañando de una ensalada.

A mis hijos les vuelven locos y calculo para ellos 2 huevos por cabeza. Una delicia. Gracias Lucio!!




  • 4 patatas gallegas medianas (para 4 personas)
  • 6 huevos frescos
  • 150 g de jamón serrano (si es ibérico, pues mejor)
  • aceite de oliva virgen para freir
  • sal
  • pimentón dulce

Se pelan las patatas y se cortan en bastones. se pone a calentar el aceite fuerte y se van friendo por tandas, para que no se apelotonen.

Se sacan de la sartén y se escurren bien, poniéndolas además sobre papel absorbente para eliminar el exceso de grasa.

Se deja en la sartén un poco de aceite (mucha menos cantidad que para hacer huevos fritos) y cuando esté muy caliente se añaden los huevos, de dos en dos. Se deja que se hagan y, con cuidado de no romper la yema, se les da la vuelta con la espumadera.

El resultado tiene que ser la clara cuajada y la yema muy líquida. Se disponen los huevos encima de las patatas fritas y se salan bien, cortándolos a continuación, en realidad rompiéndolos con un cuchillo.

Se pueden acompañar de unas tiras o tapas de un buen jamón serrano pasado brevemente por la sartén y espolvoreado con pimentón dulce.


viernes, 10 de agosto de 2012

Brochetas De Solomillo Con Cebollitas Francesas



El solomillo es una pieza selecta de carne de vaca o cerdo, con forma cónica,  procedente de la parte lumbar. Se encuentra entre las costillas y la columna, concretamente encima de los riñones y por debajo del lomo bajo -de ahí su nombre so-lomillo- .

En inglés el solomillo se denomina tenderloin, palabra muy expresiva y acertada, pues alude a "lo más tierno del lomo".

Al igual que con el pescado, a mi me parece que una buena pieza necesita muy poca preparación. Me gusta, simplemente, muy poco hecho a la plancha (sólo marcado) para degustar mejor su ternura y jugosidad.


  • un solomillo de vacuno (o medio Kg de carne de cadera cortada en tacos, como para fondue)
  • un paquete de cebollas francesas
  • un pimiento rojo con carne firme
  • palillos para ensartar
  • aceite de oliva virgen
  • sal gorda o en escamas

Se quita la piel a las cebollitas y se ponen a pochar a fuego medio en un poco de aceite de oliva virgen. se corta el pimiento en cuadrados regulares y también se pone a saltear en otra sartén.

Cuando las cebollitas están blandas y el pimiento también, se ensartan en brocheta, alternando la carne cortada en tacos no muy grandes, pimiento y cebolla en cada pincho.

Se pone una plancha o sartén grande a calentar con muy poco aceite y cuando empiece simplemente a humear se disponen las brochetas, marcando la carne muy poco (es decir, dorada por fuera pero cruda por dentro).

Al sacar las brochetas se espolvorean con sal gorda o con escamas de sal. Se comen recién hechos.



jueves, 9 de agosto de 2012

Milhojas De Melón, Mango Y Piña Con Coulis De Frambuesa



Pocas frutas resultan tan refrescantes en verano como el melón. El melón es un fruto de temporada con  elevado contenido en agua y sabor dulce.

El tamaño del melón puede variar desde los 400 g de los más pequeños hasta los más de 20 Kg de los ejemplares mayores.

Es diurético, depurativo, antioxidante, nutritivo y rehidratante. Una pequeña ración -100 g- aporta más de la mitad de la dosis diaria de vitamina C y su contenido en betacarotenos -convertibles en vitamina A- lo convierten en un eficaz aliado contra los trastornos cardíacos y el cáncer.

En casa gusta tanto a pequeños como a mayores (mi padre lo come todos los días del año) y no creo que sea cierta la sentencia que de él dice: Melón, por la mañana, oro; al mediodía, plata; y por la noche mata.

La localidad de Villaconejos, en España, tiene fama mundial por el cultivo y la calidad de sus melones.



  •  medio melón
  • media piña natural
  • un mango
  • 5 cucharadas de mermelada de frambuesa
  • el zumo de medio limón
  • agua
  • hojas de menta

Se corta el melón a lo ancho, en lugar de a lo largo, y se forman rodajas finas. Se pela el mango después de cortarlo en rodajas semicirculares, teniendo cuidado con el hueso irregular aplanado de su interior. Se corta la piña a lo largo y de esa mitad se hacen rodajas semicirculares.

Una vez cortadas y peladas las frutas se introducen por capas alternadas, uniéndolas como si fuera un puzzle, dentro de un aro para emplatar. Si no tenéis un aro (yo lo estreno hoy) podéis poner las frutas alternadas en un plato.

Se pone la mermelada de frambuesa en un bol y se añade el zumo de medio limón y un poco de agua. Se introduce en el microondas un minuto y se remueve hasta que la consistencia sea la de un sirope.

Se pasa el cuolis o sirope a través de un colador y se deja enfriar. Una vez frío se salsea por encima del milhojas de frutas.


lunes, 6 de agosto de 2012

Pollo En Pepitoria


Mi padre siempre cuenta que, cuando él era niño (en los años 30-40), la máxima expresión de una celebración era la presencia del pollo. El resto de los días se comía cocido, y no tan ilustrado como lo degustamos en la actualidad.

Antes los pollos o gallinas eran de corral y no se alimentaban de pienso, por lo que el sabor de su carne, tanto por su alimentación como por sus andares libres era una delicia. Siempre se tomaba en pepitoria.

La pepitoria es un guiso español para los platos de aves -generalmente gallina y pollo-. La salsa de la preparación se enriquece con yema de huevo duro, almendras molidas y azafrán.

Aunque se cree que su origen procede de la cocina árabe, hay autores que afirman que la palabra procede del francés petit-oie o "pequeño ganso", pues con estas aves se preparaban las pepitorias en Francia.

En cualquier caso, el plato se popularizó en el siglo XIX, gracias a la reina Isabel II de España, que era una entusiasta de esta preparación.


  • un pollo como de 1,5 Kg (para 6 personas)
  • 1 vaso de aceite de oliva virgen
  • 1 vaso (de los de vino) de vino blanco y otro para la cocinera
  • 1 cebolla mediana
  • 1 diente de ajo
  • 2 cucharadas soperas de almendras molidas
  • 2 huevos duros
  • azafrán
  • perejil
  • harina
  • agua 
  • sal

Se pone el aceite a calentar en una sartén y, cuando esté caliente, se fríen por tandas los trozos de pollo pasados previamente por harina. Se reservan en un plato.

Se pica menuda la cebolla o cebolleta y el ajo y se rehoga en el aceite de freír el pollo. Se añaden las dos cucharadas de almendras y se se les da una vueltas. 

Se introduce un instante en un plato pequeño el azafrán en el microondas y, a continuación, se pone en el mortero, donde de machaca un poco. Se añade también al mortero, junto con el perejil y un poco de sal, la cebolla rehogada, el ajo y las almendras de la sartén escurridas del aceite. Se machaca todo un poco.

Se vuelca el pollo en una cacerola, se le añade el majado del mortero, el aceite de la sartén, el vaso de vino blanco y se cubre con un poco de agua. Se deja cociendo durante 1,5 h a fuego lento (se va probando si está hecho).

Para servir, se pican los huevos duros, sin la yema. Una de las yemas se tritura y se incorpora a la salsa del guiso y la otra, picada junto con las claras se añaden al guiso.

Se puede acompañar con arroz blanco o con patatas fritas. Yo lo he acompañado hoy con unas setas rehogadas con ajito y perejil.



Gracias a mi madre, Concha, que me enseñó a preparar esta deliciosa pepitoria... aunque ni por asomo me sale como a ella (¿será que ella me lleva unas cientos de veces de elaboración de ventaja o que la comida de una madre siempre sabe mejor? jajaja)

sábado, 4 de agosto de 2012

Tallarines Boloñesa



El orégano (Origanum vulgare) es una hierba aromática muy utilizada en la cocina mediterránea. Se utilizan sus hojas, tanto frescas como secas, pero son las hojas secas las que contienen un aroma y un sabor más intenso.

Se cuenta en las leyendas mitológicas que fue Afrodita -diosa del Amor- la que plantó el primer orégano y le concedió su peculiar fragancia.

Es un ingrediente imprescindible de la cocina italiana y no puede faltar en una buena salsa boloñesa. La salsa bolognesa procede de la región italiana de Bolonia y está elaborada con carne picada o molida de ternera o buey, con carne de cerdo, tomate, cebolla, zanahoria y especias (orégano, fundamentalmente).

Se usa como acompañamiento de spaguetti, tagliatelle, lasaña y canelones y es un alimento muy completo, que gusta a todos.



  • 250 g de tallarines (frescos o secos)
  • 250 g de carne picada de ternera (o mitad cerdo, mitad ternera)
  • 100 g de jamón serrano picado
  • una cebolleta
  • un diente de ajo
  • un vaso de vino blanco
  • orégano
  • un tazón de salsa de tomate casera o una lata peqeña de tomate triturado
  • aceite de oliva virgen
  • sal

Se pone en una sartén un poco de aceite de oliva a calentar y se añade la cebolla picada muy fina y el diente de ajo machacado. Cuando esté transparente se incorpora la carne picada y se deja que se vaya friendo. Se añade el jamón serrano picado y se machaca con un tenedor, para que no queden trozos de carne muy grandea. Se agrega el vasito de vino blanco y el orégano y se rectifica de sal (hay que tener en cuenta que el jamón serrano aporta sal al plato).

Se deja que vaya reduciendo el vino. Se añade la salsa de tomate casera (receta de este blog, pincha aquí) y se mezcla bien el conjunto.

Se hierve la pasta, siguiendo las instrucciones del fabricante, y según el gusto personal. Se escurre y se emplata, colocando en el centro una buena porción de salsa boloñesa. Se acompaña de queso parmesano rallado y se disfruta...




viernes, 3 de agosto de 2012

Tomates Rellenos Con Tabouleh



El tabuleh o taboulé es una aromática ensalada libanesa elaborada con cuscús. El cous-cous o antiguamente "alcuzcuz" es un plato tradicional de Marruecos hecho a base de sémola de trigo.

En árabe significa la comida, ya que se le considera el plato principal de muchos pueblos norteafricanos, pues allí lo cocinan diariamente.

Se suele cocinar en una cazuela llamada "cuscusera" que dispone de un colador para que la sémola se impregne de todos los vapores de los alimentos que se cocinan en su parte inferior.



  • 6 tomates rojos y firmes
  • 250 g de cuscús
  • 1/2 cebolla
  • 1/2 calabacín
  • 1 zanahoria
  • 1 pimiento verde
  • 2 o 3 cucharadas de menta fresca
  • el zumo de 1/2 limón
  • 12 cucharadas de aceite de oliva
  • sal

Se corta la parte superior de los tomates y se vacían con una cucharilla, reservando la pulpa. Se colocan boca abajo sobre un plato para que escurran el exceso de líquido.

Se pone a hervir 250 mL de agua con un poco de sal y aceite. Cuando hierva, se retira del fuego y se añade sobre el cuscús en un recipiente amplio. Se deja durante 5 minutos que absorba el agua.

Se pone en una ensaladera la pulpa de los tomates bien troceada, junto con el resto de las verduras (pimiento verde, calabacín, cebolla y zanahoria) todo ello muy troceado. Se incorpora la menta muy picada, se rectifica de sal y se añade el zumo de limón y el aceite, removiendo todo el conjunto.

Se rellenan los tomates vaciados con el tabuleh y se deja enfriar hasta degustarlo. Se adorna con hojas de menta.




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